Expansión de la Frontera Agropecuaria Argentina dentro de la Ecoregión del Chacho Americano: Contrastes entre la fragmentación del hábitat y los corredores biológicos

RESUMEN

En Argentina hay 18 ecoregiones, la más grande de todas ellas es el “Gran Chaco Americano” (compartido con Paraguay en gran parte y en menor medida con Bolivia y Brasil), este trabajo solo trata la parte Argentina que se subdivide en: Chaco húmedo (11.850.000 hectáreas) y Chaco Seco (49.298.000 hectáreas). Existe una tercera variante, denominada Chaco Serrano más pequeña, en el nor-oeste. Toda la región conforma algo más de 62 millones de hectáreas.

Es la tercera biodiversidad más importante que por su enorme superficie tiene una importancia significativa en términos de conservación. Abarca 11 provincias, ¿Cuáles son (eran) las provincias con mayor riqueza en superficie de la región Chaco? El Norte de Santa Fe encabeza la lista con casi 12 millones de hectáreas originales, seguida por Santiago del Estero (más de 9 millones de hectáreas) y tercera el norte y oeste de Córdoba, con más de 8 millones de hectáreas, en esos lugares el bosque casi desapareció, en Santa Fe se han perdido el 96% y en Córdoba casi el 90%. Sin embargo estas cifras no causan demasiado asombro.

Pero resulta que “el problema de la conservación” radica en el cuidado que le brindan las provincias más pequeñas y postergadas históricamente, a sus masas boscosas.

Formosa originalmente era “dueña” de no más de 4.5 millones de hectáreas con bosques, ocupando el 6º lugar (después de Santa fe, Santiago del Estero, Córdoba, Salta y Chaco) y que actualmente conserva algo más de 3.5 millones de hectáreas, un extraordinario 78% (registra una pérdida mínima del 22%) y mantiene su biodiversidad intacta. Uno de los factores más importantes para garantizar la viabilidad de la diversidad biológica de las áreas naturales es la conectividad. Este problema debe ser encarado desde las administraciones a través de los Ordenamientos Territoriales, modelos de ordenamiento que sean integrales de todos los ambientes y que aseguren la continuidad del paisaje y la conectividad de las reservas y de las áreas protegidas. Esta organización espacial del territorio debe lograr una mayor eficiencia en la planificación del uso del suelo y tiene por finalidad reunir en forma equilibrada el proceso de desarrollo económico y social, con la conservación del ambiente, la preservación de los recursos naturales, la promoción de su explotación racional y la ocupación eficiente y equilibrada del suelo.

*Franco Rafael Del Rosso (49), Licenciado en Biodiverdidad, Magister en Desarrollo Sustentable, Asesor Experto en Biodiversidad Fundación Bosques Nativos Argentinos para la Biodiversidad.

Introducción

Para analizar temáticas complejas es preferible analizar el conjunto y no formular  análisis parciales, porque en ese caso se verá solo una parte y lo interesante es ver la realidad o la integralidad de la situación de la conservación de la región.

El Gran Chaco Americano tiene una extensión total de 1.066.000 km2, constituye la mayor masa boscosa de Sudamérica, después de la Amazonía, y comprende territorios de Argentina (62,19%), Paraguay (25,43%), Bolivia (11,61%) y Brasil (0,77%).

Del área en consideración se debe destacar que en la República Argentina hay 18 ecoregiones, la más grande de todas ellas es la denominada “Chaco” o “Gran Chaco Americano” (compartido con Paraguay en gran parte y en menor medida con Bolivia y Brasil), este trabajo solo trata la parte Argentina de la región que se subdivide en: Chaco húmedo (11.850.000 hectáreas) y Chaco Seco (49.298.000 hectáreas). Existe una tercera variante, denominada Chaco Serrano más pequeña, en el nor-oeste argentino. Toda la eco región Chaco conforma algo más de 62 millones de hectáreas. Esta región posee la tercera biodiversidad más importante de la Argentina, después de la selva paranaense y las yungas pero con la salvedad de que su enorme superficie hace que adquiera una importancia mucho más significativa en términos de conservación.

Si se lo piensa con visión de conjunto, la conservación del Gran Chaco Americano depende fundamentalmente de las acciones que hagan Paraguay y Argentina en primer lugar, de formular verdaderas políticas de estado que diseñen corredores de conectividad que permitan un sano y equilibrado desarrollo de todas las regiones. Los corredores biológicos, los ordenamientos territoriales son muy importantes para la conservación de la región pero estos corredores deberían tener su continuidad en toda la región incluyendo no solo provincias vecinas sino también en los países limítrofes. Es lo mismo que un parque o una reserva asilados del resto, sea la Reserva Bañado La Estrella o el Parque Río Pilcomayo en Formosa, el Parque Nacional Copo en Santiago del Estero, El Impenetrable o la Reserva del Loro Hablador en Chaco o la Reserva de Chancaní en Córdoba, no resuelven sino en una mínima parte la complejidad de la conservación de estos grandes ecosistemas y es con la sumatoria de todas estas acciones que estos ecosistemas podrán mantener viables sus poblaciones silvestres.

Metodología

Las características del proceso de expansión de la frontera agropecuaria (intensidad, localización espacial), demandaron un trabajo de identificación y mapeo de los cambios de uso del suelo en tres series temporales: el período 1977-2010 (serie 1), el período 1976-2018 (serie 2) y 2000-2022 (serie 3).

Para ello se utilizaron mosaicos “MrSid” de imágenes LandSat TM, de acceso libre en internet https://zulu.ssc.nasa.gov/mrsid/ http://plataforma.chaco.mapbiomas.org/map http://monitoreodesmonte.com.ar/. Se aclara que el presente trabajo solo analizo la superficie trasformada en territorio argentino que pertenece a la región chaqueña, quedando excluidas las áreas transformadas en los demás países que también comparten la ecoregión.

Visualizando las imágenes a una escala 1:250.000 se mapearon digitalmente sobre ellas todas las parcelas donde la cobertura vegetal nativa ha sido sustituida por cultivos (tanto agrícolas como pasturas). Esto permitió obtener el total de superficie cultivada para tres series temporales, así como los valores correspondientes a las capas temáticas que se superpusieron. Por una parte se calcularon las áreas agrícolas correspondientes a las subregiones ecológicas identificadas. La superposición de la grilla en que se dividió el área de estudio permitió calcular la superficie cultivada en cada celda. Sin embargo, debido a la variación longitudinal que tiene la superficie de cada celda, los valores se expresaron como porcentaje de la superficie con vegetación reemplazada en cada elemento de la grilla.

Se analizó la expansión en relación con las características de las diferentes subregiones ecológicas, a nivel subregional, utilizando para ello el mapa de “Complejos Ecológicos del Gran Chaco” desarrollado por The Nature Conservancy, en 2004.

Tanto para el mapeo de las parcelas, como para la elaboración de la grilla y los cálculos de superficies se utilizó el programa ArcView y sus extensiones “Coordinate Grid Maker”, “Geoprocessing” y “Xtools”.

Limitaciones

El trabajo se hizo utilizando mosaicos de imágenes Landsat TM. La ventaja de poder disponer de estos mosaicos de imágenes tiene la limitación de la amplitud temporal de las series. No obstante, el volumen de información generada, las tendencias detectadas y la localización espacial de los procesos, consideramos que son válidos para la toma de decisiones y la planificación en estas escalas.

En la enorme mayoría de los casos la diferenciación entre la vegetación nativa y cultivos es inequívoca, pero en algunos potreros de ganadería extensiva sobre campos naturales, pueden generarse confusiones, porque ciertos tipos de manejo pueden presentar un patrón similar al de las parcelas cultivadas. En estos casos el mapeo de las parcelas se hizo ampliando sensiblemente la escala de la imagen, para mejorar la definición. Este tipo de errores no son intrínsecos de la metodología, ya que inclusive una clasificación automática sin una exhaustiva verificación a campo también puede presentarlos, incluso en mayor medida.

Discusión y Conclusiones

Es necesario analizar, dado que la ecoregión del Gran Chaco abarca 11 provincias argentinas, ¿Cuáles son (eran) las provincias con mayor riqueza en superficie de la eco región Chaco? El Norte de Santa Fe encabeza la lista con casi 12 millones de hectáreas originales, seguida por Santiago del Estero (más de 9 millones de hectáreas) y tercera el norte y oeste de Córdoba, con más de 8 millones de hectáreas, con lógica si la preocupación es tan grande habría que empezar a ver como conservan o conservaron sus bosques chaqueños las grandes propietarias.

Resulta que en esos lugares el bosque simplemente desapareció, en Santa Fe se han perdido el 96% y en Córdoba casi el 90%. Sin embargo estas cifras no causan tanto espanto o demasiado asombro.

Pero resulta que “el problema de la conservación” radica en el cuidado que le brindan las provincias más pequeñas y postergadas históricamente, a sus masas boscosas nativas. Por ejemplo, se estigmatiza a  una provincia como Formosa por considerarla destructora del bosque chaqueño lo que aparece como muy curioso, dado que esta provincia originalmente era “dueña” de no más de 4.5 millones de hectáreas con bosques, ocupando el 6º lugar (después de Santa fe, Santiago del Estero, Córdoba, Salta y Chaco) y que actualmente conserva algo más de 3.5 millones de hectáreas, un extraordinario 78% (registra una pérdida mínima del 22%) y mantiene su biodiversidad intacta, entonces es obvio que estamos apuntando mal en la distribución de responsabilidades. 

Los procesos de fragmentación de hábitats son apuntados por la comunidad científica como una de las principales causas de la crisis de la biodiversidad en el Gran Chaco.

La fragmentación se origina por la transformación del paisaje que se realiza con el objetivo de abrir tierras de cultivo, crear pastizales para el ganado, construir represas y rutas o por el desarrollo urbano. Una vez que inicia un proceso de fragmentación, desencadena una serie de modificaciones en los procesos ecológicos y por consecuencia impacta las poblaciones y comunidades de flora y fauna, los suelos y el agua, que responden al cambio de la nueva estructura de los fragmentos. La principal consecuencia es el aislamiento de las poblaciones de flora y fauna.

Las poblaciones en los fragmentos aislados tienen mayor riesgo de desaparecer ya que las perturbaciones naturales como incendios, inundaciones, etc. las pueden eliminar.  Además, al tener menor número de individuos y estar aisladas, aumentan sus relaciones de parentesco y se reduce su variabilidad genética debido a la consanguinidad.

Uno de los factores más importantes para garantizar la viabilidad de la diversidad biológica de las áreas naturales es la conectividad, condición referida al enlace o nexo que facilita el desplazamiento de organismos entre parcelas de hábitats o parches de ambientes. La conectividad se promueve a través de arreglos espaciales y elementos en el paisaje. Un paisaje con alta conectividad es aquel en el que los individuos de una especie determinada pueden desplazarse con libertad entre los hábitats que requieren para alimentarse, reproducirse y protegerse.

La identificación de umbrales críticos de aislamiento y fragmentación para las especies y la búsqueda de soluciones para garantizar la conectividad son las tareas más relevantes en territorios sometidos a fuertes procesos de transformación. Cuando el objetivo de mantener elevadas superficies de ecosistemas en buen estado ya no es posible, la fórmula más apropiada puede consistir en buscar la disposición óptima de los fragmentos residuales procurando su conexión.

Este problema global debe ser encarado desde las administraciones a través de los Ordenamientos Territoriales, modelos de ordenamiento que sean integrales de todos los ambientes y que aseguren la continuidad del paisaje y la conectividad de las reservas privadas y de las áreas protegidas provinciales y nacionales. Esta organización espacial del territorio debe  lograr una mayor eficiencia en la  planificación del uso del suelo y tiene por finalidad reunir en forma equilibrada  el proceso de desarrollo económico y social, con la conservación del ambiente, la preservación de los recursos naturales, la promoción de su explotación racional y la ocupación eficiente y equilibrada del suelo.

El Ordenamiento Territorial de los ambientes rurales, deben tener el carácter distintivo que radica en que además de dar cumplimiento a lo establecido en las leyes, deben establecer criterios que permitan alcanzar un desarrollo socio-económico equilibrado y sostenible del territorio, promoviendo a la vez, la mejora en la calidad de vida de la población y la conservación de los recursos naturales,  permitir promover un importante crecimiento de sus actividades productivas: forestales, ganaderas y agrícolas para beneficio de sus habitantes, y conservando los ambientes naturales de toda la región ya sean áreas boscosas o no boscosas, fortalecer a los sectores de menores recurso como pequeños productores y comunidades aborígenes y dejar establecidas reglas claras para todos y un régimen de seguridad jurídica. La Clave de todo esto es la Zonificación, un componente fundamental de cualquier propuesta de Ordenamiento Territorial. El objetivo de ésta es definir las Zonas de Ordenamiento Territorial, estableciendo en cada una de ellas diferentes porcentajes admisibles de cambio de uso del suelo. Esto permite cuantificar el potencial de nuevas áreas a incorporar a la producción agropecuaria, así como los porcentajes de vegetación nativa que no debe ser transformada.   

La puesta en práctica de este modelo no es fácil, pues usualmente se trata de iniciativas que cubren áreas extensas y complejas desde el punto de vista socio-económico, lo cual plantea un enorme reto en términos de gestión y, porque es complicado lograr aceptación de esta figura por parte de todos los grupos interesados, públicos y privados. De hecho, el suceso de un corredor es muy sensible a la aceptación del público en general y de los diferentes actores que lo habitan. Por muy bien diseñado e institucionalizado que esté, la permanencia del corredor va a depender del grado de apropiación social que se alcance. En la actualidad en la región chaqueña, dentro de Argentina, solo la provincia de Formosa tiene un ordenamiento territorial que contempla corredores y la visión  integral del ambiente. Hay que decir que estrategias de ordenamiento hay varias y algunas muy buenas pero sin duda el peor ordenamiento es el que no se cumple y el grado de incumplimiento en la región es alto lo que pone en riesgo cualquier esfuerzo de conservación.

Agradecimientos

Gobierno de la Provincia de Formosa. Ministerio de la Producción y Ambiente.

Bibliografía

Adámoli, J., Ginzburg, R., Torrella, S. y Herrera, P. (2004). Expansión de la frontera agraria en la región chaqueña: el ordednamiento territorial como herramienta para la sustentabilidad”. Gerencia Ambiental. Publicaciones sobre tecnologías y normativas ambientales, República Argentina: 112 810 – 823.

Adámoli, J.; Torrella, S. y Ginzburg, R. (2011). Escenarios productivos y ambientales del Chaco Argentino: 1975-2010. 101pp. Fundación Producir Conservando.

Torrella, S., Herrera P. y Adámoli J, (2003). Sostenibilidad de la expansión agraria en la región chaqueña: condiciones favorables y factores limitantes. 3ras Jornadas Interdisciplinarias de Estudios Agrarios y Agroindustriales. ISBN 950-29-0747-7 Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires.

Vallejos, M., Volante, J. N., Mosciaro, M. J., Vale, L. M., Bustamante, M. L., & Paruelo, J. M. (2015). Transformation dynamics of the natural cover in the Dry Chaco ecoregion: a plot level geo-database from 1976 to 2012. Journal of Arid Environments, 123, 3-11.